jueves, 20 de octubre de 2016



Una organización para el conflicto, una Izquierda Unida útil para el país

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Ismael González, Fernando Sánchez y Pepe Iniesta *

La XI Asamblea de IU aprobó la construcción de un nuevo movimiento político y social capaz de superar a Izquierda Unida y que fuese una herramienta útil para mejorar las condiciones de vida de las trabajadoras y de las clases populares.
En el texto aprobado decíamos lo siguiente:
La tarea de la nueva dirección será la de acometer profundos y ambiciosos cambios para adaptarse a las necesidades de las clases populares. Ello se traduce en constituir una organización más ágil, rápida, democrática y eficaz que trabaje para conformar un verdadero movimiento político y social que vaya más allá de IU. En este sentido, la IU resultante de la XI Asamblea debe ser una organización en transición hacia un nuevo movimiento anticapitalista, ecologista y feminista que esté volcado en los conflictos sociales y que sea, ante todo, un verdadero movimiento político y social.
Este reto que aprobó la militancia de Izquierda Unida por más del 75%, apoyando el documento político que presentaba Alberto Garzón, ha sido una de las cuestiones planteadas en el Plan de Acción de IU para los años 2016 y 2017.
Izquierda Unida nace en 1986 como una coalición de partidos de la necesidad de construir una fuerza unitaria de la izquierda alternativa frente a unas políticas del gobierno del PSOE que daban la espalda a las clases populares y al programa con el que obtuvieron una mayoría absoluta aplastante y lo hace como coalición electoral. En sus primeras asambleas se define como “movimiento político y social” que pretende aglutinar a organizaciones políticas, personas a título individual, movimientos sociales y activistas de éstos; un movimiento político y social que tenga una pata en el conflicto y la sociedad y otra en las instituciones. Para ello articuló espacios de participación horizontales como las asambleas de base y las áreas de elaboración colectiva. Esta apuesta organizativa es novedosa en el conjunto de organizaciones de Europa y como señala Luis Ramiro en el artículo “Entre coalición y partido: la evolución del modelo organizativo de Izquierda Unida”: “se trata de un modelo que apenas tiene paralelos en los sistemas de partidos de Europa occidental”.
Uno de los problemas que tenía IU es que pretende ser un movimiento político y social pero se asienta en estructuras de un partido político clásico y basa la mayor parte de su actividad en el ámbito institucional. Por lo tanto, aunque es cierto que el modelo organizativo de IU ha sido siempre novedoso, la práctica política ha tendido hacia una institucionalización creciente. Dos botones de muestra: los procesos de elección de los cargos públicos (que fueron en muchos lugares una fuente interminable de conflictos internos) o la financiación de IU que depende de las subvenciones que recibe del Estado en un 85%, como ocurre con todos los partidos políticos europeos. El resto proviene de las cuotas que pagan sus afiliados y aportaciones. Este hecho, que para un partido clásico no sería un problema, es, para una organización que pretende ser un movimiento político social volcado en los conflictos, una contradicción evidente que muestra la dependencia económica de los resultados electorales.
El reto que afrontamos es por lo tanto construir una organización volcada en el conflicto que no sólo sea capaz de trasladar a las instituciones propuestas programáticas, sino construir una sociedad mejor en el trabajo diario, en la conquista de derechos, en las movilizaciones, en las luchas concretas y en nuestra forma de organizarnos, haciendo en lo interno lo que proponemos para una sociedad mejor.
Asentar la democracia participativa a la vez que reducir órganos es una de las tareas en las que la nueva dirección de IU está volcada para ser más movimiento y menos partido. Si pretendemos que la militancia esté volcada en lo externo, en el conflicto, en las luchas, no es posible que tengamos a la militancia de IU todo el día en reuniones para debatir y discutir reproduciendo el parlamentarismo burgués que tanto criticamos. Pero a la vez que esto es evidente, es necesario que las decisiones adoptadas sean debatidas, conocidas por todas y posteriormente aplicadas por todas. La apuesta por la planificación y la evaluación es el eje central de este nuevo modelo organizativo.
La Asamblea Federal de IU realizó un diagnóstico de la situación política que vive nuestro país, de las condiciones de vida que tiene nuestra clase y nuestro pueblo. En base a este análisis hizo una apuesta política para los próximos años, una apuesta política que busca mejorar las condiciones de vida articulando una respuesta unitaria contra este sistema que nos condena a la miseria. Ese diagnóstico es la política aprobada que todos hemos de llevar a cabo durante los próximos años, para ello planificamos (Plan de Acción) la intervención política de la organización y fijamos objetivos. La ejecución de este Plan de Acción se realizará por todas las estructuras de IU durante un año y al finalizar el periodo deberemos evaluar colectivamente el resultado de nuestro trabajo para ver que hemos cumplido y, lo que es más importante, si hemos conseguido trasformar la realidad que nos rodea.
Esta metodología garantiza la coherencia entre lo aprobado y nuestra acción permitiendo a la militancia volcarse en el trabajo y en el conflicto. Pero no sólo esto, también permite sistematizar la autocrítica y la elaboración y evaluación colectivas.
A esta metodología organizativa hemos de sumar la implantación de las herramientas de participación de las que nos hemos dotado: los referendos vinculantes, los procesos revocatorios de cargos públicos y responsables políticos y sobre todo los procesos de elección de candidaturas a los órganos internos y para las listas electorales mediante el sufragio directo y universal de la militancia.  Es imprescindible en la configuración de IU como movimiento político y social dar más capacidad de decisión directa a la militancia, más capacidad de intervención y de propuesta. Entre las voces que hoy plantean que es necesario un sistema de representación por delegación en los procesos internos o que las candidaturas deben aprobarse en órganos sin participación directa de la militancia, reconocemos los mismos argumentos de los que defienden la democracia representativa frente a la democracia participativa y popular.
Estos cambios organizativos pretenden situar a IU como referente del movimiento político y social que defendemos como espacio superador de la división de la izquierda, ese frente popular que defendió el PCE en los años 30 para hacer frente al fascismo y dar el poder al pueblo.
Por último es importante destacar un elemento más del avance hacia una organización de lucha: la visibilidad de la organización hemos de ganarla en los conflictos y no sólo en las instituciones. Quienes hoy defienden el modelo de partido clásico siguen preocupados por la visibilidad de IU en la institución (desde la derecha mediática a posiciones internas respetables). Este planteamiento es una contradicción con la política aprobada en IU. La visibilidad hemos de tenerla más allá del parlamento, la visibilidad hemos de tenerla en la militancia luchando y articulando conflictos ante cada ataque del sistema. La visibilidad de IU es la de las compañeras que están peleando por un convenio digno en el sector de los “Call Center”, la de las “kellys” que luchan por unas condiciones laborales dignas, la de las compañeras del conflicto de Coca-Cola, la de las compañeras de AENA que luchan contra la privatización y muchas más que necesitan ver a IU, codo a codo, en la trinchera.
Ésta es la visibilidad de una organización útil para la lucha y que persigue mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo día a día y no cada cuatro años. El cielo no existe, los mesías tampoco, sólo el esfuerzo colectivo por construir una sociedad mejor. IU será útil en la medida que sea capaz de implicar a la mayoría social trabajadora en la construcción de un nuevo proyecto de país y de ponerlo en marcha sin esperar a que nos autoricen a tener una vida digna.
(*) Ismael González es responsable de Organización de Izquierda Unida, Fernando Sánchez es responsable de Organización del PCE y Pepe Iniesta es responsable de Organización del Partido Comunista de Castilla-La Mancha.

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